Canicas. Era un juego más bien de niños y se jugaba en la
calle, siguiendo un circuito o golpeando unas canicas con otras. Si ganabas, te
las llevabas todas. Intentabas tener canicas más bonitas que tus amigos. Las
había de colorines, de metal, con filigranas, etc.
Jugar a las ruedas. A eso sólo se
jugaba en los pueblos, porque en las ciudades, a ver de dónde sacaba uno una
rueda. Se hacía carreras o se colgaban de un árbol, con una cuerda, a modo de
columpio.
Gallinita ciega. Juego de niños pequeños o de adolescentes algo
bebidos. Poniéndose un pañuelo en los ojos y tocar a los de mas con las
manos y si te toca pierdes y tu eres la
gallina ciega ahora.
El avioncito. Había
que ir deslizando un trozo de piedra por el dibujo del suelo, empujándolo con
el pie, saltando a la pata coja. Nunca le encontré la gracia, la verdad.
Chapas.
Se les ponía la imagen de futbolistas o personajes televisivos. Los niños
recorríamos los bares pidiendo chapas para jugar. Teníamos cientos y unas
tenían más categoría que otras, en función de que fueran menos vistas.